Lunes, 18 de Octubre de 2021

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, protagonizó el pasado domingo una entrevista en el programa Salvados de La Sexta que ha hecho correr ríos de tinta.

El líder de Podemos no dejó títere con cabeza y le han llovido las críticas en los últimos días por multitud de comentarios y opiniones, en especial por comparar a los exiliados republicanos tras la Guerra Civil española con el prófugo de la Justicia Carles Puigdemont.

Pero esa no fue la única ‘perlita’ que dejó el político, quien arremetió con dureza contra los «ricos y poderosos» -entre los que se encuentra él mismo aunque hable de ellos en tercera persona-.

En este sentido, interrogado por el periodista Fernando González González, más conocido como Gonzo, sobre si «los ricos y poderosos de España son tan ‘malos’ como había imaginado antes de llegar al poder», Iglesias contestó con un rotundo: «son peores».

Parece que Pablo Iglesias aún no ha terminado de interiorizar que es el vicepresidente del país y que no estaba despachando con un amigo en la barra de un bar, donde puede decir las barbaridades que quiera sin cámaras.

¿Qué es eso de insultar públicamente de esa manera a «ricos y poderosos» de España? Además de incidir en que él mismo es uno de ellos, ¿qué se cree? ¿qué los «ricos y poderosos» son todos una suerte de señores Burns conspirando contra el pobre pueblo oprimido?

No, señor Iglesias. Son gente que hace de este país un lugar más próspero, que generar riqueza, empleo, bienestar. En su mayoría trabajadores incansables que han llegado hasta sus puestos de responsabilidad a base de esfuerzo y tesón y que han conseguido ganar dinero para dar un mejor porvenir a sus familias con mucho sacrificio.

El vicepresidente de España no puede salir por televisión insultado de esa manera a parte de la población. Es inadmisible. Como también lo es que diga a la ligera que la democracia española es una «democracia limitada» por la «presión de los poderes económicos» que ponen «trabas a la voluntad de la gente».

Claro que Iglesias se cree que él mismo es «la gente» y que todo lo que se escape a su control es una «traba a la voluntad de la gente». A Dios gracias que Iglesias no lo controle todo.