Miércoles, 18 de Mayo de 2022

A partir del próximo lunes 7 de septiembre los hogares de los madrileños volverán a situarse en el punto de mira. A partir de ese día, las reuniones en lugares privados como, por ejemplo, las casas no podrán ser de más de diez personas.

En la práctica esta nueva restricción es difícil de controlar por parte de las autoridades, que no pueden ir domicilio por domicilio comprobando si hay o no más de diez personas -no convivientes- reunidos en ellas.

Al igual que en su día, en pleno confinamiento estricto, tampoco tenían manera de saber si alguien estaba yendo por cuarta vez en el día al supermercado o paseando al perro mucho más allá de lo estrictamente necesario, esta nueva restricción es en la praxis compleja de vigilar.

Pero para evitar esas triquiñuelas la policía encontró entonces en muchos vecinos aburridos y postrados en sus balcones viendo la vida pasar a fieles ayudantes que no dudaban en gritar, regañar e incluso denunciar a aquel que divisaran en la calle o en el portal infringiendo las normas.

Todo apunta a que la nueva limitación de reuniones en los hogares hará despertar a estos comúnmente bautizados como «policías de balcón», aletargados durante el soporífero periodo estival madrileño, para estar al quite de si su vecino de turno está invitando a más gente de la cuenta a una cena.

Esto, aunque disfrazado de civismo, puede derivar en problemas de convivencia entre vecinos. Por eso, lo mejor es que cada uno respete las normas y que no sea necesario que nadie se «chive» de nadie, una práctica muy mal vista en nuestro país.

Además, el problema puede agrandarse si ese vecino, autoproclamado la autoridad suprema del bloque, cae en el descalificativo o insulto al que, a su juicio, está infringiendo alguna de las normas.

La mascarilla, la distancia de seguridad, el lavado de manos, el limite en las reuniones… son muchas las medidas impuestas desde el Gobierno (tanto central como autonómico) que hay que cumplir y, por tanto, muchas las actitudes que un «policía de balcón» puede reprochar al de al lado.

Por eso, lo dicho, responsabilidad individual y que los «policía de balcón» no hagan falta nunca más.