Sabado, 06 de Marzo de 2021

Esta es la frase que me viene a la mente ahora que pienso en ti, Rubén, “prefiero el Paraíso”. Fue uno de los mejores momentos que pasamos en el seminario, cuando entre tú y Miguel escribisteis la obra de teatro de aquellas Navidades de 2013 sobre Felipe Neri. Divertida, sencilla y con mucho espíritu. Como tú.

Aunque también tengo muchos otros grandes recuerdos: en la furgoneta cuándo íbamos a la universidad, en la sala de café leyendo periódicos, con Octavio en la cocina cuando nos colábamos para ver qué estaba cocinando… ¿Te acuerdas cuando hizo los ñoquis? ¿O cuándo le pedíamos que hiciese pizza casera? Son muchos recuerdos.

Pasamos muy buenos recuerdos en la cocina del seminario. Lo mejor era cuando sobraba masa de pan para la eucaristía (siempre te encargabas de que sobrase) y hacías una mini pizza. O los martes, que siempre había comida casera española y las hermanas hacían los mejores guisos. “La fabada no se come con cuchara, se come con pan” era una de tus mejores frases.

Por supuesto, está también el camino de Santiago que hicimos desde Oviedo. Microcontusiones. No se si fue verdad o una excusa para ir más lento, pero nos reímos mucho.

El “potro de Villaverde”. Así te llamaban en el equipo de fútbol. Igual José Ángel se enfadaba si fallabas un gol o te quitaban el balón. Pero fue un buen campeonato aquél que los dos equipos del Redemptoris Mater quedamos primeros y terceros. Y lo digo en primera persona aunque jamás toqué un balón, pero el sentimiento de pertenencia al equipo es fuerte. Tú, sin embargo, jugaste, hasta la primera jugada que te lesionaste, pero jugaste. Lo tuyo era el baloncesto.

Tantos y tantos momentos en la sala de café. Creo que uno de los sofás cogió tu forma. Me acuerdo especialmente el día que te enfadaste cuando Yves abrió mal el brick de leche y derramaste todo por la mesa. Ese café antes de laudes era sagrado.

Podría pasarme horas escribiendo recuerdos. Y más cuando están Miguel y Josué recordándomelos mientras escribo estas líneas. Quiero darte las gracias por haber formado parte de nuestras vidas.

Ayer me pasé toda la tarde escuchando tu primera homilía. No porque fuese tan larga, sino porque me la puse en bucle. Los que te conocemos sabemos que es verdad lo que dices. Sabemos que en tu vida se ha cumplido. Dios ha escogido a lo débil del mundo para humillar a los grandes, o como tu decías, Dios elige a lo que no vale para confundir a lo que vale. Pues yo hoy añado algo más, se lleva para Él a lo que más quiere.

Tú has ganado ya la batalla, has permanecido en la fe, has vencido. Cuídanos desde el cielo Rubén, aquí lo necesitamos. Has preferido el paraíso, haz que cuando pensemos en ti, pensemos en eso.

Me quedo con esta foto tuya y de Gabi. Así te recordaré. Un abrazo desde aquí abajo, de los que aún seguimos en la lucha. Disfruta de la Vida Eterna, que te lo has merecido.

El sacerdote Rubén Pérez Ayala falleció el 21 de enero de 2021 a causa de las heridas provocadas por una explosión de gas en el número 98 de la calle de Toledo de Madrid.